Internet of Things, una mirada a la historia

Miguel Aguado

Advertising Business Developer en Schibsted Spain

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Estamos todo el día escuchando eso de IoT, pero, exactamente, ¿qué significa? IoT es el acrónimo en inglés de Internet of Things o Internet de las cosas. Consiste básicamente en llevar conexión a internet a cualquier objeto que podamos imaginar. Y no, esto no es un invento de ahora, se remonta a hace un tiempo…

Hasta hace unas decenas de años, sólo teníamos capacidad tecnológica para conectar sitios. El famoso par de cobre con su línea de teléfono fija que llegaba a nuestra casa, vamos. Y en éstas estábamos, conectando lugares. Cuando apareció el móvil y, con su explosión en las décadas de los 80 y sobre todo los 90, empezó nuestra obsesión por conectar también a personas.

Cada uno de nosotros tenía un dispositivo en la mano que era una ventanita al mundo, que podíamos usar para hablar al principio y para navegar por internet después.

A finales de la década del 2000, un nuevo concepto empezó a aflorar. Ya teníamos lugares y personas conectadas, pero ¿qué sucedía si ahora nos poníamos a conectar cosas?

Todo empezó principalmente como un método para interconectar aparatos que hablaran entre sí -la llamada comunicación Machine to Machine o M2M- y enviaran diagnósticos de funcionamiento a centros de control.

Empezaron a incluirse módulos de conexión y sensores a todo tipo de dispositivos, desde máquinas de vending que avisaban cuándo estaban vacías o fuera de funcionamiento, hasta boyas en alta mar que podían predecir la llegada de un tsunami o sensores que medían pluviometría para saber si se acercaba una época de sequía. Sin saberlo, estábamos viviendo el nacimiento de IoT…

Esta tecnología pronto saltó al hogar y empezamos a conectar el vídeo, la televisión, la consola, la lavadora, el frigorífico, la caldera… Había nacido la demótica, que combinada con la explosión de los smartphones, nos permitía desde nuestro teléfono controlar desde las luces hasta la temperatura de nuestro hogar.

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Y llegó el siguiente salto, de nuestra casa a nuestro cuerpo. Los wearables nos proporcionaban mediciones de nuestras constantes vitales y nuestros hábitos de vida. Había nacido el ‘yo cuantificado’ y los sensores que íbamos metiendo por nuestro cuerpo nos convertían en grandes cúmulos de datos y encima se permitían el lujo de decirnos que teníamos que andar más…

Todas estas corrientes que circularon separadas durante un tiempo se fusionaron en lo que ahora llamamos IoT. Empezamos a conectar absolutamente todo aquello en lo que encajaba un sensor. Según estimaciones de Gartner, a finales de 2020 tendremos casi 21 mil millones de dispositivos conectados, sin contar smartphones. Empezamos a generar redes interconectadas entre sí, desde redes personales hasta grandes infraestructuras (el germen de las smart cities).

Todo se conectó y empezó a generar cantidades ingentes de datos que, tras un concienzudo procesamiento, nos permitieron tomar acciones.

Y llegó el big data, pero eso ya es otra historia….

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