Empresas felices: ¿la gallina o el huevo?

Jaume Gurt

Director de Desarrollo de Personas, Schibsted Spain

felicidad empresa

Las paradojas siempre me han gustado. Son situaciones que parecen contradictorias y desafían nuestra lógica, nos hacen reflexionar y nos invitan a salir de la línea de pensamiento establecido. Sin duda, detrás de ellas se esconden oportunidades únicas para ser un poco más sabios.

Tengo muy claro que mi objetivo final, al igual que el de todas las personas, es ser feliz en la vida, y que de una forma u otra tendré que trabajar para ganar un dinero que necesitaré para vivir.

Por ello, una de mis paradojas favoritas es preguntarme: ¿las empresas que generan más beneficios económicos crean más felicidad en las personas que la componen? ¿O son las personas que componen una empresa, al sentirse felices con lo que hacen y en su lugar de trabajo, cuando crean una mayor riqueza económica?

Hace poco leí un estudio de productividad que revelaba cómo para empleos de baja, media y alta complejidad, las personas altamente motivadas eran respectivamente un 52%, 85% y 127%  más productivas que aquellas con una motivación promedio.

Personalmente he podido comprobar cómo al trabajar en un entorno feliz:

1. El compromiso es mayor

Las personas se sienten conectadas con la empresa y su lugar de trabajo, y desde ahí nace una voluntad de mejora que no tiene límites. Ya no se trabaja porque “lo necesito”, si no porque quiero. “Yo me siento parte de la empresa y quiero que mejore”.

La voluntad frente a la obligación siempre es infinitamente más poderosa.

2. El deseo de aportar aumenta

El entorno facilita una sensación de conexión con  uno mismo y con el resto de las personas de la organización, generando una sensación de equipo, de confianza y libertad, que permite a todos aportar sus dones.

El equipo, la superación, la creatividad y la innovación se potencian.

3. Sentimiento de pertenencia

La voluntad de compartir con otros la maravillosa empresa en la que trabajo es constante. Uno se siente orgulloso de donde trabaja, lo siente excepcional y su deseo es compartirlo con el resto del mundo.

Potencia el sentimiento de pertenencia y el employer branding, porque el entusiasmo está en cada una de sus palabras cuando habla de su trabajo.

4. Felicidad

Las personas sonríen más, con una alegría que surge del corazón. Al sentir una auténtica sensación de felicidad se generan más endorfinas, permitiendo a las personas disfrutar de la vida, iniciando un círculo virtuoso de situaciones y percepciones que se transmiten a clientes y proveedores.

La sonrisa y la felicidad se contagian y pasan a formar parte del valor que se entrega a nuestros clientes. ¿Tú le comprarías algo a alguien gris, malhumorado y gruñón?

5. Positividad

Cualquier dificultad se vive, en positivo, como un nuevo reto a superar. Las endorfinas generadas nos permiten resurgir con facilidad de las crisis, nos hacen sentir más fuertes y capaces, alejando el miedo y mirando a la vida directamente a los ojos. Desde esa predisposición, no hay enemigo imbatible, no hay reto inalcanzable.

Cuando una persona se siente bien consigo misma, se percibe conectada al resto de personas y se sabe parte de la organización. Cuando la confianza los une a todos y la sonrisa auténtica es su caminar habitual, cada persona es uno con la empresa y la empresa es uno con cada persona. En este entorno, la magia de la felicidad hace que la confianza sea su mejor arma y los resultados acompañan.

Para mí, la respuesta a la paradoja es fácil: son las personas las que nos regalan los resultados. Personas felices, clientes felices, accionistas felices: la receta para el éxito está servida.

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