Big data: la gran oportunidad del siglo XXI

Miguel Aguado

Advertising Business Developer en Schibsted Spain

big data

Mucho se oye hablar últimamente en todo tipo de medios -y no sólo en los tecnológicamente especializados- de Big Data. Pero, exactamente, ¿a qué nos referimos con el concepto? Y más importante: ¿es tan grande la oportunidad que hay detrás?

Primero, creo que es interesante asentar el concepto de a qué nos referimos cuando hablamos de Big Data. Todo se inició hace unos 20.000 años, cuando los primeros humanos sobre la Tierra empezaron a almacenar y analizar datos usando huesos.

huesoEl hueso de Ishango es, según los investigadores, la primera calculadora desarrollada por el hombre, utilizada no sólo para hacer cuentas simples, sino también para almacenar el resultado y analizarlo después. Este rústico sistema es, sin lugar a dudas, la primera muestra de que necesitamos los datos para entender el mundo que nos rodea, desde los ciclos solares hasta las cosechas. Necesitamos ser capaces de analizarlos para sacar conclusiones válidas.

Si vamos dando saltos temporales, nos iremos encontrando en la historia con innovaciones tecnológicas de ese hueso, como el archiconocido ábaco, o el mecanismo de Anticitera, la primera calculadora analógica de la que tenemos constancia, o incluso la Biblioteca de Alejandría, el primer gran ‘disco duro’ del hombre, en el que no sólo se almacenaba el conocimiento, sino que se ordenaba utilizando ingeniosos sistemas de organización de los datos.

biblioteca alejandria

No es hasta el siglo XVII, con la aparición de la ciencia estadística, cuando el hombre empieza a tener mecanismos matemáticos que le ayuden a procesar datos.

El término Business Intelligence o Inteligencia de Negocio, más conocido por sus siglas en inglés BI, se acuña en 1865 para indicar todos aquellos datos que un negocio puede necesitar para ser rentable y superar a su competencia, como hizo el banquero Henry Furnese, el primero en aplicar esta técnica para diferenciarse de sus competidores. Eso sí, no es hasta 1958 que este término cobra la importancia que tiene hoy en día.

La complejidad cada vez mayor de las relaciones comerciales y de los parámetros que las influyen nos obliga a dejar de lado los cuadernos de cuentas y a tener necesidades de almacenaje mayores.

Los primeros centros de procesamiento de datos, iniciados en 1965 por el gobierno estadounidense, permiten que podamos realizar cálculos complejos con millones de datos a nuestro alcance.

Pero la eclosión de internet cambiará las reglas del juego para siempre, y lo que sólo estaba al alcance de unos pocos pasa a estar disponible para todos en igualdad de condiciones, desde un autónomo hasta una gran compañía.

Data, Data, Data…

En 1999 leemos por primera vez el término Big Data, referido a la gran cantidad de datos almacenados que podemos usar para realizar operaciones complejas. Viene muy ligado además al término Internet of Things del que ya hemos hablado anteriormente, ya que son las ‘cosas’ las que generan mayor cantidad de datos.

En 2001 se define qué características deben cumplir los datos para considerarse Big Data. Nacen las tres Vs: Velocidad, Variedad y Volumen.

  • Velocidad, porque los datos deben generarse muy rápido (algunos añaden aquí otra V, de Volatilidad, esto es, que los datos son válidos sólo en un corto periodo de tiempo).
  • Variedad, porque los datos deben provenir de fuentes muy diversas y desestructuradas (un ejemplo: cruzar los datos de ventas de cerveza con la temperatura ambiente, el horario de un partido de fútbol, el día de la semana, si es temporada de vacaciones…).
  • Volumen, porque si no tenemos una gran cantidad de datos, la capacidad de análisis se reduce.
  • A estas tres Vs en los últimos tiempos se han añadido otras dos: Veracidad (si no me fío de los datos, mal voy) y Valor (me tienen que servir de algo estos datos).

Hoy, las capacidades de procesamiento se han disparado, propiciadas en gran medida por el desarrollo de Hadoop, un framework que soporta aplicaciones distribuidas con licencia libre. Esto es, no hay que pagar nada para desarrollar tu propia aplicación de Big Data, y todas las librerías para hacerlo están al alcance de cualquiera con una necesidad y algunos conocimientos de programación.

Todas las industrias están empezando a beneficiarse del uso de los datos y su procesamiento para tomar acciones de valor.

Un ejemplo de esto es el uso que la industria publicitaria hace de los datos para ofrecer impactos relevantes para usuarios y anunciantes. Desde Schibsted, nuestra visión es que debemos usar esa gran cantidad de datos para mejorar la vida de las personas, y en eso es en lo que estamos trabajando.

Nuestra idea es hacer realidad la visión de Nikola Tesla quien, en 1926, predijo que en el futuro un hombre sería capaz de analizar grandes cantidades de datos con un dispositivo que cupiera en su bolsillo. Pero ya hablaremos de móviles en otra ocasión.

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